cuando quedaban los muertos pudriéndose bajo el sol.
Nos llegó la peste un día, quen sabe de’onde llegó,
Que'ra la fiebre española, la gente ansí la llamó.
Y que se muere don Chon, don Chon el enterrador.
Lo vino a ver don Zenaido, que del rancho era el doitor.
Le puso un espejo, y luego que ‘l muerto no resolló
Y que me gritan Canuto, tú y tu compadre Nabor
Entierren ese dijunto, entre más hondo mejor.
Lo líamos en un petate porque ya no había cajón.
Hicimos un joyo grande y allí echamos a don Chon.
Y que se oye muy abajo: "No me entierren por favor.
¡Estoy vivo...! ¡Estoy vivo! No sean ingratos por Dios".
Y me dice mi compadre: "No li’aga caso a esa voz;
échele tierra compadre, ese ya se petatió;
Dijo el dotor que’sta muerto y él, pos pa’ eso estudió,
¡A poco el muerto tarugo va a saber más que’l dotor!"
2 comments:
Hace años ví a el llanero solitario en la casa del lago y desde entonces me gustó esta obra magnífica.
Parece de niños jejeje pero esta obra la intérprete en la primaria Antonio moreno gonzalez de niño aqui en nuevo laredo cursaba el 4° me encantó
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