July 15, 2007

Momentos felices


por Gabriel Celaya (1911-1991)

Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
-el pitillo en los labios, el alma disponible-
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro -sé que todo es fiado-,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
"Estaba justamente pensando en ir a verte."
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

6 comments:

Judy said...

Enrique,
Para la "depre" anímica e intelectual nada como leerte. Qué placer para la vista y el alma enontrar lo todo lo que nos compartes en tu blog.
¡Gracias por tanta felicidad!

Enrique G de la G said...

Qué onda, Judy. ¿Viste qué coincidencia que el día de tu mail salió publicada la foto de Sharapova, que mejoraba el sosias de Judith-Caravaggio?

Decía Borges que leer es una de las formas de la felicidad.

Saludos.

Judy said...

Hola Enrique,
Yo también pensé en esa coincidencia del email y mira, a propósito de coincidencias,ahora terminé de leer una entrevista que le hicieron a Edwin Williamson; catedrático de estudios hispánicos en la Universidad de Oxford: "Las claves de las obra de Borges en su vida", en la Jornada Semanal. Y
antes de apagar mi lap e irme a dormir quisé entrar a tu blog para ver si ya había algo nuevo, entró y me encuentro con eso que dices de Borges.
Que estés bien.

Marce said...

¡Genial Gabriel Celaya!
Por un tema que traigo en la cabeza me pregunto si en todos lados se pueden vivir esos moments of now o si hay factores externos que los facilitan o dificultan (¿el periférico en viernes de quincena?)

Enrique G de la G said...

La pregunta, Marce, está mal formulada. Que haya factores externos que favorezcan o dificulten esos "moments of june", como dice nuestra Mrs. Dalloway, no implica que no puedan presentarse en cualquier lugar. Ahorita recuerdo un "moment of now" que tuvo Kathleen Kelly ("You've got mail") en el metro, cuando vio una mariposa. Y si a sosias de "moments of now" quisiéramos irnos, tuve uno parecido en San Pedro GG, pero en lugar de metro y mariposa fue en una camioneta con una hoja seca en pleno verano. Algo imborrable.

Marce said...

Lo que quiero decir es que hay que tener una cierta actitud para sentir felicidad en las cosas sencillas como describe el poema... y que en situaciones de estrés es más difícil estar en la actitud adecuada... y que hay ciertos lugares, ciudades, circunstancias, que favorecen y otros que dificultan esa actitud. ¿No? Puede encontrarse en cualquier lado, sí, pero qué tan común es... no sé. Me remito a lo que posteaste sobre Joshua Bell y el hecho de que el artículo hizo llorar a tanta gente...

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