May 25, 2008

La fórmula secreta / Coca-Cola en la sangre

Mientras buscaba, por sugerencia de JA, una entrevista a Rulfo, terminé encontrando una obra maestra del cine mexicano que desconocía absolutamente, y que me ha hecho enloquecer. Se trata de "La fórmula secreta o Coca-Cola en la sangre" (1964), de Rubén Gámez.

No abundaré en el hecho de que ganó cuatro primeros lugares del I Concurso de Cine Experimental, al derrotar a "En este pueblo no hay ladrones". Dura 42.00 minutos.

Daré solamente las primeras impresiones, así de botepronto, que tuve. La plancha inmensa y vacía del zócalo... ya eso vale la pena de verse.

A un hombre mexicano le transfunden coca, en lugar de sangre, y eso desata una serie de pesadillas y sueños extraños que el espectador calificará como "surrealistas". La escena de la vaca es una de las cosas más impresionantes que haya visto, de una fuerza atroz y terrible, subrayada por los pies descalzos del carnicero. Quiero ver un guiño al ojo, también vacuno, de Un chien andalou. También la escena del hombre del bolso y el charro me recordaron a Archibaldo de la Cruz.

En algunos paisajes rulfianos hay hombres que lo completan. Lo mismo que ahora tanto se le celebra a S. Tunick, pero acá la gente está vestida. Durante esos encuadres se oye a Jaime Sabines leyendo un poema, el único poema en realidad, de Juan Rulfo, que transcribo más abajo. Las letanías son de una ironía fina y por demás divertida: así como el malinchismo ha conducido a México a la adopción inconsciente de productos gringos, como "las aguas negras del capitalismo yanqui", esa bebida compuesta con una fórmula secreta que corre ya por nuestro torrente sanguíneo, con ese mismo ingenuo automatismo repiten el Ruega por nosotros los creyentes.

¡Y! No digo más. En parte para no alargarme. Pero sobre todo porque aquí está la peli. Desgraciadamente faltan los últimos 2 ó 3 minutos, pero es la única manera de verla. No tiene desperdicio alguno: verla no es perder el tiempo.












La fórmula secreta
por Juan Rulfo

I
Ustedes dirán que es pura necedad la mía,
que es un desatino lamentarse de la suerte,
y cuantimás de esta tierra pasmada
donde nos olvidó el destino.
La verdad es que cuesta trabajo aclimatarse al hambre.
Y aunque digan que el hambre
repartida entre muchos
toca a menos,
lo único cierto es que todos
aquí
estamos a medio morir
y no tenemos ni siquiera
donde caernos muertos.
Según parece
ya nos viene de a derecho la de malas.
Nada de que hay que echarle nudo ciego a este asunto.
Nada de eso.
Desde que el mundo es mundo
hemos andado con el ombligo pegado al espinazo
y agarrándonos del viento con las uñas.
Se nos regatea hasta la sombra,
y a pesar de todo así seguimos:
medio aturdidos por el maldecido sol
que nos cunde a diario a despedazos,
siempre con la misma jeringa,
como si quisiera revivir más el rescoldo.
Aunque bien sabemos
que ni ardiendo en las brasas
se nos prenderá la suerte.
Pero somos porfiados.
Tal vez esto tenga compostura.
El mundo está inundado de gente como nosotros,
de mucha gente como nosotros.
Y alguien tiene que oírnos,
alguien y algunos más,
aunque les revienten o reboten nuestros gritos.
No es que seamos alzados,
ni es que le estemos pidiendo limosnas a la luna.
Ni está en nuestro camino buscar de prisa la covacha,
o arrancar pa'l monte
cada vez que nos cuchilean los perros.
Alguien tendrá que oírnos.
Cuando dejemos de gruñir como avispas en enjambre,
o nos volvamos cola de remolino,
o cuando terminemos por escurrirnos sobre la tierra
como un relámpago de muertos,
entonces
tal vez llegue a todos el remedio.

II
Cola de relámpago,
remolino de muertos.
Con el vuelo que llevan,
poco les durará el esfuerzo.
Tal vez acaben deshechos en espuma
o se los trague este aire lleno de cenizas.
Y hasta pueden perderse
yendo a tientas
entre la revuelta oscuridad.
Al fin y al cabo ya son puro escombro.
El alma se ha de haber partido
de tanto darle potreones a la vida.
Puede que se acalambren
entre las hebras heladas de la noche.
O el miedo los liquide
borrándoles hasta el resuello.
San Mateo amaneció desde ayer con la cara ensombrecida.
Ruega por nosotros.
Ánimas benditas del purgatorio.
Ruega por nosotros.
Tan alta que está la noche y ni con qué velarlos.
Ruega por nosotros.
Santo Dios, Santo Inmortal.
Ruega por nosotros.
Ya están todos pachiches de tanto que el sol les ha sorbido el jugo.
Ruega por nosotros.
Santo san Antoñito.
Ruega por nosotros.
Atajo de malvados, retahila de vagos.
Ruega por nosotros.
Cáfila de bandidos.
Ruega por nosotros.
Al menos éstos ya no vivirán calados por el hambre.

4 comments:

Juan Alberto said...

por fin me senté a ver tu recomendación. El Manuel me preguntaba si era de capulina. "Capulina y la fórmula secreta". jaja

También me gustó mucho, de hecho la escena de la res destazada sobre el cuerpo del carnicero me recordó al Aktionstheater de Nitsch, y al consultar en un librito Taschen me acordé de por qué tenía tantas ganas de aprender alemán y venir para acá. Y me sorprende que nunca busqué algo así en Alemania y el interés ya casi desapareció. Cómo pasa el tiempo!
Saludos!
Pd: qué pasó con tu cuenta de FB?

José Victor Castro Gallardo said...
This comment has been removed by the author.
Enrique G de la G said...

No, no me he puesto a buscar alternativas. ¿Ya checaste en Google Videos? Creo recordar que alguien me dijo el año pasado que la venden en dvd. Habría que buscarla... Pero es excelente.

José Victor Castro Gallardo said...
This comment has been removed by the author.
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