February 17, 2010

As life goes by


Según Aristóteles, medimos el movimiento con el tiempo. A mí me parece que para medir la vida inventaron las tesis doctorales. Uno se sienta, comienza a escribir, y cuando cree ya haber terminado le piden que corrija, que quite, que agregue, que mengüe una opinión, que robustezca un argumento. El cuento de nunca acabar. Una tesis doctoral es como Facebook: nos hace creer que la vida está ahí, encerrada, que es una cajita llena de sorpresas, pero en realidad es la caja de Pandora. La vida está afuera.

Y como testigos de esto tengo a mis vecinas de enfrente. Todos los días traen a sus niños a uno de los muchos locales pintorescos de esta calle: un Kindercafé. Los niños juegan mientras las mamás se sientan afuera a charlar, beber café, fumar y mirarme disimuladamente por la ventana. Mi mirada pasa por encima de la nieve del balcón y se concentra en los cigarrillos, en la cabellera color Lola rennt, y mientras trabajo en lo que creo firmemente y espero que sea la última versión de mi tesis, imagino sus conversaciones. Son alemanas, seguramente no hablan de mí. Me intriga saber de qué hablan durante tantas horas tantos días, tanto o más cuanto les intrigará saber qué carajos hace el tipo del edificio de enfrente tantos días y tantos meses en su escritorio, bien protegido de la nieve y el frío.

La vida está afuera, está en una cabellera de fuego, en la lumbre de un cigarrillo, en el humo del café, en el ardor de las palabras que junto con un timidísimo sol septentrional comienza a derretir la nieve devenida en acero de hielo.

La otra vecina, la güerita llena de rastras, cara bonita, entra y sale del número 28. Otro vecino no puede sacar su coche porque las llantas se patinan en el hielo, y el nietecito no tiene fuerza suficiente para empujar el coche. Pasa alguien, deja las bolsas del mercado sobre el suelo y se apresta a ayudar. Nada. Se suma otro voluntario. Tampoco. Me dan ganas de bajar, aunque esté metido en mis pantuflas guatemaltecas pero me lo prohibo: la vida está afuera y yo debo terminar una tesis doctoral. Para mi alivio se suma un tercer tipo y en un santiamén desatascan el carro.

Me incomoda el "mouse", trabajo sólo con el "mousepad" de mi laptop. Si la tesis es el cálculo de la vida que a uno se le escapa, las muñecas adoloridas y las yemas descarapeladas de tanto teclear y surcar la pantalla son la medida de la tesis, del hartazgo, del cansancio, de mi extenuación. Pero one sunny day iré a visitar a mis vecinas, me pintaré la melena de blanco, naranja o azul y les preguntaré qué tanto charlan. One sunny day!



8 comments:

Anonymous said...

http://www.glaubeundwahrheit.de/

Anonymous said...

Hola, Enrique:

Me gustó muchísimo tu entrada. Pero me ha desconcertado aquello de "Son alemanas, no hablan de mí"... jejeje. Seguro que hablan de ti, aunque luego sigan a lo suyo. El problema es que estás en tu casa y eso les frena la comunicación. Lo que podrías hacer para averiguar de qué carajo charlan (ya te lo digo yo: de sus hijos, de sus respectivos maridos, de anécdotas del trabajo, de algún pariente próximo, de lo caro que está el alquiler este año y de si teñirse el pelo de rojo o de verde) es irte a redactar la tesis al café. Además, así tendrás la oportunidad de que se te acerquen, que lo harán.

Un abrazo,
Rafael.

P.S.- Y lo bien que quedará tu título de doctor en las tarjetas...

Guillermo Núñez said...

Pantuflas guatemaltecas.

Emilio said...

Books are about the world; they are not the world.

Anonymous said...

Ánimo hay que cerrar con todo. En México cada vez más cerca de la ingobernabilidad y el hartazgo, que peligrosamente pueden ir de la mano.
OS

Anonymous said...

Lamentable, deprimente... ya ciérralo.

Atte,

Júnior Baiano

Pitt said...

Enrique, leyendo el blog de uno de mis amigos he recordado alguno de tus artículos de LetrasLibres, hace varias referencias a Mayer.
http://mondoli.blogspot.com/
Por si tienes tiempo.
Saludos desde no tan lejos...

PABLO CI said...

Cuando dudamos de la importancia de lo que estamos haciendo es cuando mas importancia le tenemos que dar (creo).

Un abrazo

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