October 31, 2007

On medical cruelty

Country Doctor (1948), by W. Eugene Smith


Here I proposed cruelty as the worst moral badness.

Now, two quotations of the English edition of In The Land Of Pain by Alphonse Daudet, on medical cruelty:

Jean-Martin Charcot was notorious for his blunt speakint to patients and their families. (...) He once said to a patient: "You're in the position of a man sitting in shit with a sabre flashing above his head: either dive in or have your head cut off". If he was being tactful, he might announce bad news in Latin (note on p. 23 by editor Julian Barnes).


The way nurses talk: "That's a lovely wound... Now this wound is really wonderful". You'd think they were talking about flowers (p.27).

Prayer to pain

"Pain, you must be everything for me. Let me find in you all those foreign lands you will not let me visit. Be my philosophy, be my science".

Alphonse Daudet

October 27, 2007

Músicos afinando sus instrumentos

Dicen que el momento más entrañable de una noche de concierto es cuando los músicos afinan sus instrumentos. Aquí, la Orquesta Nacional de Francia se prepara a interpretar la séptima sinfonía de A. Bruckner (una especie de epitafio para Richard Wagner), bajo la dirección de Kurt Masur. Impresionante ver a un hombre enfermo de Parkinson dirigir sin batuta...



October 25, 2007

Le désespéré, Le patient

Gustave Courbet (1843-1845)

October 24, 2007

Apunte

El malinchismo esconde la ingenuidad de una derrota anticipada.

VW (1951), Darth Vader

Rice, Hirsi Ali, Yade



October 20, 2007

Variations on red




"Red Fontana di Trevi" by Ftm Azione futurista 2007



"#34" by Nickel Tailings




Taiji, Japan



Bull blood by César Rincón



Papal blood by Ali Agca




"Captain Jack Sparrow" by Carina Berlingeri




Irène Jacob by Krzysztof Kieślowski





"The Red Studio" by Henri Matisse





"Red on maroon" by Mark Rothko




"Vir Heroicus Sumblimus" by Barnett Newman

October 15, 2007

Con o sin tilde

Al margen del acento diacrítico, he aquí algunas palabras que, según recuerdo, pueden escribirse con o sin tilde. Va primero la versión preferida o "culta":

fútbol | futbol

período | periodo

icono | ícono

ibero | íbero

pentagrama | pentágrama

olimpiada | olimpíada

mímesis | mimesis

atmósfera | atmosfera

afrodisíaco | afrodisiaco

paradisíaco | paradisiaco

médula | medula

cardíaco | cardiaco

alvéolo | alveolo

dinamo | dínamo

cartomancia | cartomancía

elixir | elíxir

austriaco | austríaco

reuma | reúma

omóplato | omoplato

anémona | anemona

policíaco | policiaco

zodiaco | zodíaco

balaustre | balaústre

amoniaco | amoníaco

October 14, 2007

Busca en todas las cosas

por Enrique González Martínez (1871-1952)


Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;

husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,

escudriñante el ojo y aguzado el oído.


No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,

queda sordo a la entraña de la piedra, que entona

en recóndito ritmo la canción de la línea.


Ama todo lo grácil de la vida, la calma

de la flor que se mece, el color, el paisaje.

Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje...

¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!


Hay en todos los seres una blanda sonrisa,

un dolor inefable o un misterio sombrío.

¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?

¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?


Atan hebras sutiles a las cosas distantes;

al acento lejano corresponde otro acento.

¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?

¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?


No
desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.

Es un alma que canta y es un alma que llora...

¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!


Busca en todas las cosas el oculto sentido;

lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;

cuando sientas el alma colosal del paisaje

y los ayes lanzados por el árbol herido...


[Este cuadro de van Gogh me enseñó a buscar el sentido oculto de los edificios.]

October 13, 2007

My favorite perspective at Potsdamer Platz



Back corner of Park Kolonnaden's Haus 1

Design: Schweger & Partner (Hamburg, Germany)

October 7, 2007

"A paso de cangrejo", de Umberto Eco

[Reseña publicada en el número 106 de Letras Libres]

A paso de cangrejo
es el más reciente título de Umberto Eco, una compilación de notas periodísticas publicadas en Italia entre los años 2000 y 2006, más algunas conferencias. Los temas principales de estos “artículos, reflexiones y decepciones” son tres: política internacional, Berlusconi, la sociedad multiétnica y mediática; a éstos se suman notas culturales diversas. El título alude a un autor ficticio, Crabe Backwards, aparecido ya en otro libro anterior, La bustina di Minerva (2000), quien calificaba a la reinante “tecnología ligera” de retroceso. En sintonía con él, Eco traslada la metáfora a la política y la sociedad mediática, con todos sus engendros, el populismo en primer lugar. En un sinnúmero de fenómenos reconoce el paso crustáceo de la sociedad –signo inefable del desandar. Según esto, “se vio claramente que avanzábamos hacia atrás después de la caída del muro de Berlín”; “después de los cincuenta años de guerra fría, los casos de Afganistán y de Irak nos retrotraen triunfalmente a la guerra real o guerra caliente […] y nos ofrecen un nuevo episodio de las Cruzadas con el choque entre el islam y la cristiandad”; además de que “han reaparecido los fundamentalismos cristianos, que parecían propios de la crónica del siglo xix”, “ha surgido de nuevo el fantasma del peligro amarillo”, etcétera (p. 13).

Con estos artículos, Eco desea mostrar una colección suficiente de
fenómenos –es decir, de hechos– que sepan justificar el (pesimismo del) título: ¡en lo histórico venimos avanzando de un tiempo a esta parte hacia atrás, como los cangrejos! El profesor Eco se queda con la impresión de que la historia, fatigada de avanzar, prefiere ahora replegarse sobre sí misma. Tal pareciera que no alcanza a descubrir que lo ha devorado su propia teoría hermenéutica: los hechos duros se anteponen a las interpretaciones, asevera. Y se acepta. Pero esto es un libro, la simple reescritura y lectura de los hechos, su interpretación. Eco sostiene aquí, pues, que los hechos de los últimos años son un retroceso. Pero puesto que a los hechos les importa un bledo el devenir de la historia, en realidad es él quien los interpreta de tal modo que pueda alegar el susodicho retroceso. Compartir su lectura del retroceso es una ingenuidad simplona, una mera condescendencia. ¿Que hay guerras “calientes” después de la Guerra Fría? Claro. ¿Qué ingenuo pensó que cesarían? Ello no significa empero que hayamos retornado a un estado anterior al alcanzado con la caída del Muro.

Por su lucidez, las páginas sobre el populismo ameritan una revisión. Eco analiza con minuciosidad el amasiato casi burlón que Berlusconi consiguió entre política y medios masivos de comunicación, para, desde su península, entregar al mundo un fenómeno digno de ser calificado como “populismo mediático”. Eco argumenta contra la noción de “voluntad del pueblo”: “el
pueblo como expresión de una única voluntad y de unos sentimientos iguales, una fuerza casi natural que encarna la moral y la historia, no existe” (p. 148). El populista quiere ver en la plaza, en los sondeos o en los telespectadores la voluntad del pueblo, y de inmediato identifica sus proyectos con ese supuesto querer común. Luego, si triunfa, lo manejará a su antojo para servir a sus intereses. (Estas reflexiones pueden enseñar algo al lector mexicano, sobre todo tras las recientes supuraciones populistas en ciertos sectores, aunque el autor quiera diferenciar los populismos del Tercer Mundo de este otro, más refinado y elaborado.)

Por otro lado, Eco desanuda con tino la maraña conceptual, próxima a la ambigüedad, que pulula en toda aproximación a las desviaciones musulmanas de hoy: integrismo, fundamentalismo, terrorismo, racismo… “El fundamentalismo está vinculado a la interpretación de un libro sagrado”; “se entiende, en cambio, por integrismo una postura religiosa y política por la que los principios religiosos personales tienen que convertirse al mismo tiempo en modelo de vida política y fuente de las leyes del Estado” (pp. 230 y 231). El integrismo islámico, en su mayor parte, no puede ser considerado racista porque se basa en una pertenencia religiosa, no en una raza. Quedan establecidas pues algunas distinciones útiles para volver a la discusión, que teje a lo largo de diferentes artículos.

Entre la miscelánea cultural destacan tres ensayos. “A hombros de gigantes”, acaso la mejor pieza del volumen, es un comentario inteligente al refrán
Enanos sentados sobre los hombros de gigantes. Eco distingue diferentes momentos históricos y sus respectivas tribulaciones en la historia de la innovación, del respeto a la tradición, y estudia el equilibrio sano entre ambos. En “Cómo hacer un contrato con los romanos”, Eco recupera un libelo que Quinto Tulio Cicerón escribiera para uso y beneficio de su hermano Marco Tulio, cuando éste presentaba su candidatura al consulado. El redescubrimiento de estas estratagemas retóricas es espeluznante en tanto ciertas afinidades y semejanzas han llegado incólumes a nuestro milenio y nuestras geografías. En el ensayo “Del juego al carnaval”, Eco diferencia el concepto de lo lúdico (recuérdese a Daniel Bell, a Gilles Lipovetsky) de lo carnavalesco. Y acusa al hombre contemporáneo de haber convertido el mundo del trabajo en un carnaval, desde el deportista profesional que finge un foul, hasta el empleadillo que hurta minutos a su trabajo para navegar por internet. “Como somos criaturas lúdicas por definición, y hemos perdido el sentido de las dimensiones del juego, vivimos en la carnavalización permanente” (p. 96).

El tono de Eco es repetidamente engreído. Ya en el preámbulo se ufana de haber vaticinado la aparición del
iPod, y más adelante se reconoce más ilustrado que Gianni Vattimo, por ejemplo (pp. 12, 88). A ello añadamos que resulta difícil perdonarle a un hombre con más de treinta doctorados honoris causa la vulgaridad. En ocasiones, Eco es muy corriente. No quiero exagerar ni calificar estos ejemplos de faltas graves, pero no son recursos indispensables para el bienestar de sus opiniones. Lamento, pues, que no haya quitado el tizne de esas páginas. Por otro lado, cuando ensaya su veta de humorista (pp. 341-355), sale reprobado, a no ser por la reseña de un congreso teológico ficticio sobre Berlusconi. Esto respecto del tono.

Sobre el contenido diré que alguna opinión desconcierta por su candidez y falta de argumentación –imperdonable para un filósofo–, como cuando se manifiesta a favor del derecho al suicidio siempre que el porcentaje de suicidios se mantenga en cifras insignificantes (p. 119), por recuperar tal vez el ejemplo más preocupante. Como analista del contexto político internacional del momento, Eco no se mueve más allá de los lugares comunes. Se esperaría una mirada más perspicaz. Él quisiera dar otra impresión cuando, ya en el primer texto, acuña términos como
paleoguerra y neoguerra. Pero la multiplicación de vocablos, cuando no arroja luz fresca, ocasiona un mazacote.

Es necesario pronunciarse también sobre la edición para no imputar al autor cargas debidas a la casa editorial. Los textos y, de resultas, la compilación, son un diálogo sostenido ante todo con los italianos. Al menos una cuarta parte del libro está dedicado a Berlusconi, algo que, si bien puede divertir –o aterrorizar–, interesa más bien poco a los lectores hispanoamericanos. La casa editorial debió considerarlo antes de pagar la traducción al castellano, y optar por una recopilación acorde a su público que aligerara el volumen. Pero éste no fue el caso, y son muchas las páginas cansinas que encontrarán los lectores no italianos.

El lector podrá comulgar con el pesimismo del profesor Eco y, en este caso, se identificará con el cangrejo de la historia. Pienso, sin embargo, que las opiniones recogidas en este tomo nos sitúan ya un paso adelante de donde estábamos antes de su aparición. Si no, ¿para qué perder el tiempo pensando, escribiendo, publicando, leyendo…?

October 4, 2007

Cultura y barbarie

Preocupado por la edificación de un entorno adecuado, Hitler revisaba con el ojo izquierdo los planos de su arquitecto Speer o los modelos de Breker, mientras con el derecho estudiaba la Solución Final. Esto se sabe y R. Polansky ha sabido retratarlo con inteligencia en The Pianist.

Pero no sólo el nazismo se perdió en la confusión Cultura-Barbarie. También en la católica y española Cuba del siglo XIX, por poner un ejemplo, la encontramos. Mírese la recomendación de leer un sainete picaresco junto a la descripción inhumana de las esclavas (Diario de la Marina del 3 de febrero de 1846, año 3, número 34, página 4).


Un ensayo estremecedor sobre la esclavitud abundante en material gráfico como éste es el de Emilio Castelar.

September 30, 2007

Canadian "classical musical music"

I was once in Toronto, and I did not like the city. Kind of boring, although it was really crowded that week. The most interesting was driving to the Niagara Falls.

But if I had known (and appreciated at that time) about Glenn Gould, I think I would be more positive towards it. So next time I will have some scrambled eggs at Fran's, just for the sake of it.

Tonight I finally watched Thirty-Two Short Films About Glenn Gould. Nice craic! The X-ray film of the pianist playing the piano, and also the "Hamburg" fragment are the most aesthetical sequences.

And I still have to say that after attending that Beethoven piano concert by David Fray last week I got really conscious of how important is it to maintain a congruence between the music (or art) and the attitude of the artist. This young pianist is technical perfect, but his immaturity at the piano grant him no sympathy of the audience. There was a man who even whistled to disapprove him. Such eccentricities could be accepted in a genius. Like Glenn Gould of David Helfgott...

Photo: a copy of Glenn Gould's chair.

September 27, 2007

Nahui Ollín

Dicen que fue Leopoldo Lugones quien le dio a Gerardo Murillo el apodo de Dr. Atl. Después de su divorcio, Carmen Mondragón frecuentó al Dr. Atl. Recibió entonces el mote de Nahui Ollín. Fue pintora, modelo y una de las mexicanas que destacaran en el mundillo del arte en las primeras décadas del siglo XX.

Oí hablar de Nahui Ollín esta semana por primera vez cuando Anna me preguntó cómo podría traducir al alemán una frase de uno de sus diarios, que dice así: "...la cadencia de mi ritmo al andar".

Nunca antes había reflexionado sobre la diferencia entre "cadencia" y "ritmo". Le dije a Anna que "cadencia" es una suerte de interpretación (subjetiva, valga el pleonasmo) del ritmo. Una pareja puede marchar al mismo ritmo y, sin embargo, la cadencia es propia de cada persona. "...la cadencia de mi ritmo al andar" no puede traducirse exactamente al alemán.

Carmen Mondragón eternizada por la cámara de Edward Henry Weston. Lo gore del verdor de sus ojos es absolutamente contemporáneo.

September 25, 2007

Aachen: alcalde, vecino


While traveling on a bus I met this man in Aachen, the "sosias" of Mr. Adenauer.

September 12, 2007

Espigas, espinas

Lo naco

¿En qué consiste ser naco? No busco una descripción, que abundan, sino una definición.

El Diccionario breve de mexicanismos de Guido Gómez de Silva ofrece lo siguiente: naco, naca: (posiblemente de totonaco.). adj., y m. y f. 1. Indio, indígena. || 2. De bajo nivel cultural, ignorante.

Ser indio o indígena no es ser naco. Estoy en absoluto desacuerdo. Tampoco acepto que a todo ignorante se le llame naco o a todas las personas con un acceso limitado a los "altos" niveles educativos. Por último, desconfío tabién de esa atribulada definición etimológica que alguien ofrecía con sospecha rascando un latinajo: viene de "non cognoscere" ("no conocer"), me decía.

El capitalismo ha sabido incluir todo lo marginal (el siguiente reto será incluir el terrorismo), y por supuesto incluyó ya lo naco. Véase, si no, el éxito de la marca NaCo, que es lo más mainstream y con una estética muy fresa: Diego Luna en los MTV Awards portando una camiseta, estuches para iPod, Juanes que se disfraza de NaCo para publicitar Pepsi, güeritas con jeans en las caderas y blusitas cortas, etc.

Y ahora que R me invita a su fiesta naca-naca y que me pide una definición de lo naco para poder entrar me he pensado la siguiente:

"Naco es la persona que conduce su vida con un criterio estético y cuyo gusto se refocila en lo vulgar".

Pienso que así logro dejar de lado los criterios morales y legales: al naco le vale madres si es transa o correcto lo que hace, lo importante es que sea chido, y ésta es su guía vital. Por otro lado, como ya se sabe y tanto se ha insistido, sabe apreciar exclusivamente lo vulgar (y lo que en México se llama kitsch, que no es sinónimo del kitsch alemán).

September 8, 2007

Amaia Montero, Julia Stiles


La oreja de van Gogh | Bourne Supremacy, Bourne Ultimatum

September 2, 2007

¡Publicar en español!

Publicar o perecer.

Conversando con un amigo, me decía que "en México en realidad no tenemos intelectuales creadores", y con ello quería decir "pensadores de talla que aporten algo novedoso a las discusiones contemporáneas". Ponía algunos ejemplos: "no tenemos a alguien como Berlin o Arendt o Momigliano o Moses Finley o Habermas". Me aseguraba que "pertenecemos a una pequeña provincia de la cultura", y nuestro malhadado destino sería, pues, "repetir lo que otros dicen en Europa o USA". De ahí pasaba a denostar el idioma castellano: "no podremos escribir en español. Para la literatura aún hay espacio en el español, para el pensamiento no".

Traigo esta conversación en la mente desde hace unos días. Y recuerdo aquella otra con J, a propósito de un filósofo de gran alcance, que normalmente publica en español, a pesar de que trabaja con bibliografía en inglés y sus interlocutores son en su mayoría sajones. J me decía, entonces, que no podemos caer en el juego de los sajones bien conocido de Teleo y Melés: primero yo te leo y cito, luego tú, y así nos la llevamos. Según se vea la cosa, puede decirse que, o los anglosajones son provinciales porque generalmente se remiten a autores angosajones, o que la cultura anglosajona es capaz de nutrirse a sí misma.

El desinterés alemán, por ejemplo, por lo que se publica en nuestra lengua es grande. En el 2003 quise saber qué filósofos hispanoamericanos podía leer en la biblioteca de la Humboldt y encontré las obras completas de Ortega y Gasset... traducidas al alemán. Y apenas la semana pasada, tras escuchar a W decir que "el español de plano no es un idioma científico", encontramos en un bazar dos libros de autores nuestros con dedicatorias a E. Tugendhat. O no aprecia a sus colegas, o no puede leerlos, o no le interesa (ya no digamos leer sino) conservar sus libros.

Es verdad que nuestra literatura aún goza de cierta salud, y también es verdad que extrañamos a don Alfonso Reyes (+1959), Nicolás Gómez Dávila (+1994) y Octavio Paz (+1998). Pero también es verdad que Mario Vargas Llosa, por ofrecer otro ejemplo, todavía dice cosas al mundo entero, y habla en español. Y también es verdad que, aunque nos falta oficio, hay inquietud, interés, hambre y sed. Todo malinchistmo esconde una derrota anticipada. ¿Publicar en español o, mejor, en inglés, francés, alemán? ¡No! Si hiciéramos eso, relegaríamos nuestro idioma al plano del, acordemos, azerí. No, gracias. Tampoco me gusta que las cuatro o cinco palabritas conocidas en el mundo sean siesta, amigo, tequila, sombrero.

***

Leo Postdata, de Paz, y encuentro algunas claves para esta discusión:

"Gente de las afueras, moradores de los suburbios de la historia, los latinoamericanos somos los comensales no invitados que se han colado por la puerta trasera de Occidente, los intrusos que han llegado a la función de la modernidad cuando las luces están a punto de apagarse -llegamos tarde a todas partes, nacimos cuando ya era tarde en la historia, tampoco tenemos un pasado o, si lo tenemos, hemos escupido sobre sus restos, nuestros pueblos se echaron a dormir durante un siglo y mientras dormían los robaron y ahora andan en andrajos, no logramos conservar ni siquiera lo que los españoles dejaron al irse, nos hemos apuñalado entre nosotros... No obstante, desde el llamado modernismo de fines de siglo, en estas tierras nuestras hostiles al pensamiento han brotado, aquí y allá, dispersos pero sin interrupción, poetas y prosistas y pintores que son los pares de los mejores en otras partes del mundo. Y ahora, ¿seremos al fin capaces de pensar por nuestra cuenta? [...]".


"Por razón de sus orígenes (el puritano habla con Dios y consigo mismo, no con los otros) y, sobre todo, de su poderío, los norteamericanos sobresalen en el monólogo: son elocuentes y, también, conocen el valor del silencio. Pero la conversación no es su fuerte: no saben ni escuchar ni replicar [...]".

"Nosotros todavía no aprendemos a pensar con verdadera libertad. No es una falla intelectual sino moral: el valor de un espíritu, decía Nietzsche, se mide por su capacidad para soportar la verdad. Una de las razones de nuestra incapacidad para la democracia es nuestra correlativa incapacidad crítica. [...] Si se me preguntase: ¿podrán los Estados Unidos dialogar con nosotros?, yo contestaría: sí, a condición de que aprendan antes a hablar con ellos mismos, con su propia otredad: con sus negros, sus chicanos y sus jóvenes. Habría que decir algo parecido a los latinoamericanos: la crítica del otro comienza con la crítica de uno mismo".
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