August 30, 2007

Mi único héroe

“Nadie vino con el carácter de decir Hombre, ¿qué tienen, qué les pasa?
No, nadie nos llegó a visitar, a condolerse de nosotros, nadie nos llegó a dar el pésame siquiera..."

Un habitante de Parangaricutiro

Este hombre, Dionisio Pulido, es mi único héroe. Vean ese rostro, las facciones, el bigote abundante, estricto, y la piocha con algunas canas indiscretas. Vean la camisa bien abotonada y cómo riman las cejas con el copete volador. La mirada es única, son los ojos de un hombre que ha visto lo inefable (¿así de terribles serían los de Longinos?). Si se me diera la oportunidad de estar diez minutos con alguien muerto estaría con Dionisio Pulido. He aquí su testimonio:

"A las cuatro de la tarde, dejé a mi esposa al fuego de la leña, cuando noté que una grieta, que se encontraba en uno de los corrales de mi granja, se había abierto y vi que era una clase de grieta que tenía una profundidad solamente de la mitad de un metro. Me fijé alrededor para encender las brasas otra vez, cuando sentí un trueno, los árboles temblaban y di vuelta para hablar a Paula. Fue entonces que vi cómo en el agujero, la tierra se hinchó y se levantó dos o dos y medio metros de alto y una clase de humo o del polvo fino, gris como las cenizas, comenzó a levantarse para arriba en una porción de la grieta que no había visto previamente. Más humo comenzó inmediatamente a levantarse con un chiflido ruidosamente y continuó y había un olor de azufre. Entonces me asusté grandemente e intenté ayudar a la yunta del buey. Fue así que atontado sabía apenas qué hacer o qué pensar y no podía encontrar a mi esposa, o a mi hijo, o a mis animales. Al último vino a mis sentidos y recordé al Señor Sagrado de los Milagros. Grité: "Señor bendecido de los Milagros, usted me trajo a este mundo”. Entonces miraba en la grieta adonde se levantaba el humo y mi miedo desapareció por primera vez. Me apuré para ver si podía salvar a mi familia, mis compañeros y mis bueyes, pero no podía verlos. Pensé que deben haber llevado los bueyes al rancho para el agua. Vi que no había agua en el rancho y pensé que el agua se había ido debido a la grieta. Me asustaron mucho y monté mi yegua a galope a Paricutín, donde encontré a mi esposa e hijo y amigos que me esperaban. Estaban asustados, porque creyeron que estaba muerto y que nunca me verían otra vez".

Aún conservo piedras y cenizas de mi visita al Paricutín hace casi 20 años. Y el recuerdo de la cabalgata entre el pedregal de lava, la iglesia hundida entre las rocas grises que aún huelen a humo.

11 comments:

Garcín Altoalcázar said...

Oye, gran cosa, el Paricutín. Cuando yo fui, lo recuerdo, mi visita fue encantadora. De regreso cabalgué bajo la lluvia, una de las sensaciones más vivificantes que he experimentado. Maravilloso.

Justo Medio said...

Reminiscencias Montelonguianas, respecto a Quincalla. Un lenguaje bien Rulfiano, qué cosita.

Pedro Barbosa said...

wow jaja no me la creo.. casualidad enorme.

Acabo de entregar hoy un trabajo del estado de Morelia, hablé del Paricutín, mencioné a San Juan Parangaricutiro también.

Roberto said...

De hecho, la foto que Rulfo tomó del Paricutín hubiera venido muy bien.

dobleespacio said...

Estimado Enrique esto era lo que buscaba para mi trabajo sobre volcanes, conatré la historia en un programa de radio infantil y el testimonio me ha ayudado mucho, además la foto es también muy buena.
¿De dónde obstuviste eltestimonio y la imagen?

dobleespacio said...
This comment has been removed by a blog administrator.
Carlos said...

Gracias por la crónica del Sr. Pulido sobre el volcán.
Recién fuimos mi esposa y yo a conocer el sitio y seguimos impresionados por lo que el Sr. Pulido y todo su pueblo debe haber sentido en aquellos momentos.

Ailen Pulido Mujica said...

woooow ese señor es mi tio abuelo!!!!! no creo que alguien lo admire yo nisiquiera conocia su historia

Patricia Hurtado Mejía said...

Mi madre es nativa de Uruapan, Mich. Nació en 1928 y vivió allí hasta mediados de los 50. Recién le hice una ingenua pregunta cuya respuesta me 'enchinó el cuerito'
La pregunta:
Madre, ¿antes de la erupción del volcán se sentía algo especial? ¿Temblores o algo similar?
La respuesta:
Cállate hija! Varios días antes de la erupción se oía un ruido sobrecogedor que venía de debajo de la tierra, como quien arrastra cadenas. Todas las mujeres nos arrodillabamos a rezar; fue algo terrible; !como el fin del mundo, pués!

Bajo mis ojos- Gisel- said...

Gracias por la información tengo un programa de radio e investigando sobre este destino me ayudó mucho tu cita histórica.

Sofía. said...

Gracias por la infomación. Permiso para tomar el relato para una tarea de geogrfía, te citaré como quién publicó el relato.

Visitors